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Coach Raysa López Decir Mentiras Vida Normal

¿Es posible vivir una vida normal sin decir nunca una mentira?

Life Coach Raysa López

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Todos mentimos, pero no por ello somos mentirosos empedernidos, del mismo modo que alguien puede recurrir a la manipulación sin ser un manipulador redomado. A veces es imposible actuar de otra forma.

Todo el mundo miente, a veces incluso sin darse cuenta. ¿Pero es posible renunciar a esta práctica?

Aunque la mentira es universal, algunos mienten más que otros. ¿A quién creer? Ha llegado la era de la gran desconfianza. Nunca se ha mentido tanto como en nuestros días, Ni de una manera tan descarada, sistemática y constante.

Tampoco olvidemos las informaciones falsas que circulan por los medios sociales, presentando rumores y acusaciones infundadas.

La mentira siempre ha existido, y nos la presentan como una lección en la película “Pinocho” la recuerdas?

 La virtud de la prudencia sigue siendo indispensable: la verdad, privada de su hermana, la caridad, es a menudo intolerable. La verdad sin la caridad hiere.

Cuando no podemos fiarnos, nos marchamos… Nuestra felicidad relacional depende de la franqueza y la honestidad de nuestro entorno, ya sea con nuestro cónyuge, con la empleadora, con el recaudador de impuestos, con la niñera, con un amigo íntimo, con los colegas de oficina, con la cajera, con la cartera, con el vicario, con el fontanero o con el electricista.

La mentira que más daña es la que viene de nuestros seres queridos: esposo, esposa, hijos, vecinos, padres…Cuanto más cercana es una persona, más nos sentimos traicionados si descubrimos que nos miente.

Está la “mentira por necesidad de protección”, motivada por la delicadeza, es decir, la caridad. Y está la “mentira de hacer quedar bien”, motivada por el orgullo, el egoísmo, la vanidad, la cobardía, la avaricia… Las dos, por supuesto, pueden convivir.

No solo es imposible tener una vida normal sin mentir. Es necesario dejar de mentir, para “tener”, una vida normal y además, ser felíz. El mentir, es una conducta aprendida en muchos casos. Especialmente cuando quien miente, no tiene la intención de planearlas, y de causar daño. A veces, el niño(a), especialmente aquel que escucha a la persona más cercana, y quien lo cuida, mentir a menudo, aprende el mismo hábito. El infante escucha y observa muchas mentiras vanas, e innecasarias. Tomará un esfuerzo consciente en el niño ya adulto, descubrir primero que tiene el mal hábito de mentir, y corregirlo. Si se descubre que existe este hábito de mentir por “costumbre”, se puede corregir creando el propósito de ponderar, antes de responder a cualquier pregunta. Esto será suficiente si el hábito es el resultado de conducta aprendida. Si el mentir tiene raíces más profundas, quizás de orígen psicopatológicas, la intervención de un competente psicoterapéutas podría ser necesaria. Conductas aprendidas pueden ser reaprendidas y de tal manera, corregidas. Con cierto nivel de intención y educación.

La humanidad está marcada por el ego. Cada uno de nosotros intenta ofrecer una imagen alentadora de sí mismo, procura sumar puntos, ser amado y evitar sufrir. Y esto provoca la mentira. Ahora puedes tú, vivir una vida normal sin mentir?

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